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Ceremonia del Día de la Bandera

Crónica de una mañana llena de orgullo y comunidad


El patio del colegio comenzó a llenarse minutos antes de las 10:00 de la mañana. El murmullo natural de los alumnos contrastaba con la expectativa que se percibía en el ambiente. No era un día cualquiera: los alumnos de tercer grado habían asumido la responsabilidad de dirigir la ceremonia del Día de la Bandera.


Con paso ordenado y rostros concentrados, los niños y niñas ocuparon su lugar. Algunos sostenían sus hojas con firmeza; otros repasaban en silencio sus palabras. Habían ensayado durante días. Sabían que no solo hablarían frente a sus compañeros, sino también ante sus familias.


Cuando la maestra de ceremonias dio inicio al acto, el patio quedó en silencio. Cada participación de tercer grado fue recibida con atención respetuosa. Sus voces, firmes aunque con la emoción natural de su edad, recordaron el significado del lábaro patrio y la importancia de honrarlo.


Uno de los momentos más solemnes fue el ingreso de la escolta, conformada por alumnos de sexto grado. Con disciplina y coordinación, recorrieron el patio portando la bandera nacional. Su presencia marcó el ritmo del acto, mostrando liderazgo y ejemplo para los grados menores.


El izamiento del lábaro patrio se realizó con solemnidad, acompañados por nuestra directora, madre Griselda. Mientras la bandera ascendía lentamente, el Himno Nacional resonó en el patio. Fue un instante de respeto colectivo, donde alumnos, docentes y padres compartieron el mismo sentimiento de identidad.


Entre el público, los padres de familia permanecieron atentos a cada indicación. Más de uno expresó después el orgullo de ver a su hija o hijo al frente, exponiendo con seguridad. Para algunos, fue inevitable recordar su propia etapa de primaria, reviviendo momentos que ahora veían reflejados en la nueva generación.


La ceremonia concluyó con orden, pero la jornada cívica no terminó ahí.


Antes de las 13:00 horas, se realizó el arriamiento de la bandera en un acto breve pero igualmente significativo. Con el mismo respeto con el que fue izada, la bandera descendió, cerrando la jornada con solemnidad.


Más que un protocolo escolar, la ceremonia fue un espacio de formación y comunidad. Los alumnos de tercer grado fortalecieron su confianza al hablar frente a todos. Los de sexto reafirmaron su papel de guía y ejemplo. Las familias compartieron el orgullo del crecimiento de sus hijos.


El Día de la Bandera no solo se celebró; se vivió. Y en cada voz infantil, en cada mirada emocionada y en cada aplauso contenido, quedó claro que los valores cívicos siguen construyéndose día a día dentro de nuestra comunidad escolar.

Los invitamos a ver la presentación realizada para este emotivo momento.



Agradecemos a las familias su asistencia.

 
 
 

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